Autora: Teresa Forcada
Directora de cuentas en Interprofit

Confieso toda mi admiración por los bloggers, instagramers, influencers digitales y personas de toda índole y condición que se dedican a comunicar lo que comen. La comunicación dentro del ámbito de la gastronomía necesitaba con urgencia ese acicate para dar el salto definitivo al olimpo de las relaciones públicas. Nunca antes “lo que comemos” había tenido tantísima importancia, ni había constituido, en sí mismo, un mensaje claro sobre quién soy, a qué me dedico y qué espero de la vida.

La temporalidad de unos guisantes con trufa, o los detalles que transmite un arroz con “espardenyes”, son mucho más reveladores que cualquier presentación. Podríamos incluso clasificar a nuestros amigos, clientes o conocidos por las fotos de comida (o de bebida) que cuelgan en las redes sociales. Tanto da que te guste o no la gastronomía, la cuestión es hacer partícipe a un gran número de personas de tus experiencias culinarias.

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Y es entonces, al reconocer los gofres belgas en una foto de Instagram, cuando te preguntas ¿cuándo hizo fulanito este viaje? O al detectar las “caixetes” del Delta en un perfil de Facebook piensas ¿por qué yo no habré ido antes?

Hasta te planteas por qué no sabías que la “liebre a la royal” se sirve de una manera peculiar en ese sitio tan de moda, en ese pinche pueblo, del que todo el mundo habla… y cuyo cocinero ha ganado tal o cual premio.

fotos de comidaY los pasteles. Y el chocolate. Y el mejor panettone de España firmado por un repostero catalán. Son mensajes que te abruman a cualquier hora del día. Estimulando las papilas gustativas, a la vez que te abren la mente a cosas que están pasando. A noticias gastronómicas. A eventos donde la comida (y la bebida) son importantes.

Más allá del lenguaje, la comida nos abre todo un mundo experiencial que gana adeptos. El sonido de las palomitas de maíz que protagoniza una instastory y nos cuenta una experiencia íntima y personal. Un momento mágico. Casero. Casi infantil. Una copa Riedel cargada de buen vino Muga nos transmite paz, serenidad, buena vida. Unos makis de atún rojo nos devuelven a aquella ruta por Japón… o al rincón de barrio al que todos juramos volver, una y otra vez.

La comida entra por la puerta grande en el mundo de la comunicación, y constituye un canal que cuenta cosas interesantes, que construye mensajes de calidad y que nos da pistas de la personalidad de la gente.

La gastronomía reivindica una atención ineludible en la vida de las personas. Un misterio más que resolver en la complicada esencia de las relaciones humanas. Antes, ir a comer o a cenar era una excusa… ahora es un motivo. Y nos sirve para dar rienda suelta a nuestras inquietudes digitales. A nuestros deditos inquietos volando rápidamente sobre un Smartphone. La comida y su contexto nos sirve para “decir” sobre nosotros, para situarnos, para gritar a los cuatro vientos: soy un foodie!!!!!