Autor: Benito Badrinas
Director de Cuentas en Interprofit

 

“Si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, entonces debe ser inteligente”. Alan Turing, uno de los padres de la ciencia de la computación y precursor de la informática moderna, pronunció en 1950 estas palabras al presentar el test de Turing, un escrutinio que permite determinar la inteligencia de una máquina si sus respuestas son indistinguibles de las de un ser humano. La máquina se considera inteligente, entonces, cuando no somos capaces de distinguir entre un ser humano y un programa de computadora en una conversación “a ciegas”.

Un punto al que, no sólo parece que hemos llegado en los últimos años, sino incluso superado al crear computadores y máquinas robóticas con unas capacidades superiores a las de una persona. Superordenadores, algoritmos, robótica, inteligencia artificial, blockchain, chatbot… Palabras todas ellas cada vez más presentes en nuestras vidas y también en el mundo de la empresa y, por extensión, la comunicación y el marketing.

Inteligencia Artificial aplicada a la comunicación

Un ejemplo del avance de la Inteligencia Artificial (IA) lo encontramos en el periódico japonés Shinano Mainichi Shimbun, publicado por primera vez en 1873 en Nagano, noreste de Tokio, y con una edición matutina con una tirada de 487.000 copias en la actualidad. Este diario utiliza la IA para generar resúmenes de las principales noticias que después distribuye a través de múltiples plataformas. Para desarrollar esta tecnología, Fujitsu Laboratories ha desarrollado un software capaz de realizar de manera casi instantánea una tarea para la cual un periodista necesita más de cinco minutos por artículo. “Para desarrollar estos resúmenes de las principales noticias, construimos un modelo de extracción de frases que evalúa la importancia del contenido y desecha palabras innecesarias”, explica Masato Yokota, directivo de Fujitsu Infraestructure and Finance Business.

Una de las grandes tendencias en el campo de la comunicación hoy en día es la utilización de software, robots o aplicaciones para llegar a aquellos públicos de nuestro interés. De los bots, un programa informático que realiza de manera automática tareas repetitivas a través de internet, surgen los llamados bots o chatbots.

El Olentzero es un personaje de la cultura navarra y vasca que la noche del 24 de diciembre baja de las montañas para traer regalo a los niños. La televisión pública vasca EITB –en alianza con las agencias Dimension y Chatbot Chocolate- puso en marcha la pasada Navidad un chatbot, a través de WhatsApp, centrada en esta figura popular. A lo largo de los diez días que estuvo en marcha el chatbot tuvieron lugar 962.000 conversaciones, de una media de once minutos por charla. El Olentzero era capaz de mantener conversaciones perfectamente coherentes sobre múltiples temas, gracias a un abanico de 8.370 respuestas posibles en castellano y en euskera, que además incluía el reconocimiento de abreviaturas, emojis, faltas de ortografía, fotografías y elementos visuales. “El Olentzero mejoró sus respuestas con el paso de los días gracias a la interacción continuada con el público”, se atrevieron a decir sus creadores.

Pero la Inteligencia Artificial no se queda sólo en aplicaciones que facilitan el trabajo en las empresas y las hacen más productivas, como este último caso impulsado por la EITB o el del periódico japonés Shinano Mainichi Shimbun, mencionado anteriormente. Los algoritmos derivados del análisis de datos masivos conducen nuestro consumo de contenidos hasta el punto de convertirse en los verdaderos influencers. Plataformas como Netflix o Spotify basan las sugerencias de contenidos en el análisis de datos y su procesamiento a través de algoritmos.  La influencia de estos algoritmos puede, incluso, determinar nuestras preferencias a la hora de consumir contenidos, servicios o productos mediante un conocimiento generado con IA y Big Data.

El Big Data, el paso previo para llegar a la Inteligencia Artificial

Así, escuchamos la música que nos recomienda Spotify o compramos las últimas sugerencias de Amazon, pero también estamos expuestos a las historias construidas a través del Big Data. Un punto, este último, que afecta directamente a la comunicación corporativa o empresarial, que se ve tentada en dejar atrás la generación de storytellings ajustados a sus intereses o temáticas y se lanza al empleo del Big Data para la elaboración de historias. La creatividad, por tanto, acaba reducida a una mera interpretación de datos y las marcas que operan en un mismo sector, que analizan información semejante, acaban impulsando acciones muy parecidas.

La tecnología, al final, también parece tener unos límites, que desembocan en el humanismo. La IA y sus algoritmos podrán analizar cantidades ingentes de información, pero necesitarán una interpretación humana que las dote de un verdadero valor para no caer en una uniformidad vacua.